Los ecosistemas pirófilos han coexistido con el fuego a escala evolutiva, y por tanto, se han adaptado a esa coexistencia a tal punto que, en ocasiones, el incendio es parte esencial de su desarrollo ecológico. Pero cuando el ser humano empieza a cambiar la estructura de los ecosistemas, con ello cambia la forma en la que se comportan los incendios. Hemos cambiado el bosque heterogéneo y estratificado por grandes espacios adehesados, campos de cultivo o plantaciones forestales monoespecíficas cuidadosamente ordenadas, y los pocos bosques que se conservan han perdido su estructura.