#Disclaimer. Esto es una narración dramatizada, hay toques de humor pero la narración factual es cierta en su esencia.
Capítulo 1: comunicaciones.
Son las 17:20. Y bueno. No estamos en un tren. Pero si en un autobús. Y con Duna en mi regazo. Hemos salido a la hora a la que teníamos que salir, aunque no en el medio de locomoción que esperábamos. Pero déjame que cuente la historia desde el principio.
*Tres horas antes…*
Leire descubre que ha recibido un mail. “Sus jodeis, que de Bilbao a Miranda vais a ir en bus, mira, anda”, o algo así. Pues que mierda, pensamos… y luego, ¿y Duna?
Los del teléfono de Renfe, a quienes llamamos por si acaso hay algún problema, nos asegura que toca consumir Allium sativum con monóxido de hidrógeno (es decir, ajo y agua), y que el perro se queda en tierra porque al bus no sube.
Irá.
Desquiciamiento.
Reclamación.
Si yo he pagado por un servicio que ahora no podéis darme tendréis que solucionarlo. Pues no hay solución, ninio, solo masibon. Alarma general, avisamos a una amiga que podría quedarse con el animal si pasase “lo peor”. Y tiramos para la estación de trenes directamente. Con la tentación de pasar por la gasolinera a por un par de bidones…