Malditos sean los ríos, pues echan sus aguas al mar (3/5)
Si nos sobra agua aquí, ¿por qué no llevarlo allá?
Si lo que hemos visto hasta ahora son las consecuencias de reducir el envío, ahora toca hablar de lo que pasa cuando decidimos cambiar la dirección de entrega. Cuando, en lugar de dejar que el paquete llegue al destinatario original, el mar, lo interceptamos en la oficina de correos y lo mandamos a otra dirección. Eso es, en esencia, un trasvase: tomar agua de una cuenca hidrográfica y llevarla a otra, porque alguien ha decidido que en la primera sobra y en la segunda falta.
Y claro. El problema es que el paquete no viaja solo, y la nueva dirección de entrega, a menudo, no está preparada para recibirlo.
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