Unos pocos meses después, la revista descubrió que lo del print to web no funcionaba, que tenían muy poco engagement y las visitas eran ridículas. Abandonaron el proyecto print to web.
El colaborador ya pasó de decirles “os lo dije”. Porque buena gana de andar discutiendo ya.
Los de SEO ya tenían la respuesta al problema. Las imágenes. Que como usaban siempre imágenes de stock, pues el algoritmo de google las detectaba como duplicadas. Así que, desde ese momento, las imágenes destacadas debían ser imágenes que no existieran en internet.
Podrían haber contratado a algúne fotógrafe o a algúne ilustradore. Pero no, no. Mucho mejor poner como obligatorio que todos los artículos estuvieran acompañados de al menos una imagen generada por inteligencia artificial generativa.
Obligatorio.
Y con el mismo precio rebajado (30% menos de lo que pagaban hacía tan solo hacía seis meses). Medida que dijeron que iba a ser pasajera… pero se convirtió en permanente.
El colaborador anónimo del que os he hablado decidió que era la gota que colmaba el vaso y se despidió de la revista.